Entonces él dijo.
“Dejamos a una persona con la que compartimos una vida, idealizando la llegada de un amor más verdadero”.
Idealice la venida de la refulgencia. Caminando durante años por la curvatura geodésica de mi corazón, esperándote. Con una mirada que no deja de permanecer abierta, aún serena, pero carcomida por el desconsuelo, hastiada de necedad bajo una inmensidad llena de silencio y de vacío sin ninguna señal de poder encontrarte.
A veces confluyo con las esencias de quien me gustaría que fueses, y tal vez, es por eso que no dejo de sentirme solo.
Entonces, un día comprendí que lejos de poder converger contigo, mis pasos no dejan de trazar el contorno de un abrazo que no termina, y al cual, en soledad, maldigo.
Manu.AM